Parte XII
Bianca camina a su casa
sonriendo, está realmente feliz…
La sensación de la piel de Rebecca
le recorre el cuerpo entero,
llenándola una vez más.
Hasta ella misma no puede creer
que una jovencita de la edad de Rebecca
sacó de su mente al hombre
que amó durante tantos años.
Y es que ya no siente nada por él,
porque lo único que desea son
los besos de Rebecca,
las manos de Rebecca en su rostro…
Entra a su casa y suena el teléfono.
Es Rebecca.
¨¡Es Rebecca!¨,
grita Bianca por dentro.
Hablan poco,
pero poco es suficiente para
acordar verse en una hora.
Tocan a la puerta,
y Bianca recibe a Rebecca
con un beso en los labios.
No tardan en comenzar
a hacer el amor nuevamente,
muy despacio, pero intensamente.
Primero Bianca pone a Rebecca
contra una de las paredes,
deslizando su mano debajo
de la falda a cuadrille
que tanto le gusta…
Rebecca eleva sus manos
sobre su cabeza y trata de
aferrarse aunque sea
a algo, porque no aguanta más,
es demasiado fuerte lo que siente
cuando Bianca la besa,
sus labios la hacen sentir
que está en otro planeta,
o que Rebecca no pertenece
a este mundo…
Y la verdad es que debo decirles
que las dos se sienten así,
porque esta niña enamorada
logró enamorar a su profesora,
que ya la lleva dentro de su alma...
Bianca le hace el amor
a Rebecca hasta verla terminar.
La niña queda ida,
fuera de órbita,
con la respiración entrecortada...
Se dirigen a la habitación de Bianca,
dándose besos cortos mientras caminan.
Las dos en la cama,
transpiradas,
los cuerpos mojados,
los gemidos dejándose oír
cada vez más fuerte…
Hacen al amor varias veces,
amándose más,
enamorándose más con cada beso.
Cuando terminan,
cansadas,
se quedan en el patio,
sentadas en el pasto,
mirando los árboles,
porque Bianca tiene un patio
exclusivamente enorme,
y a Rebecca le fascina.
Se besan.
Se besan sin parar.
Están enamoradas.
Y además se aman…
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