lunes, 9 de febrero de 2009

Pérdida


Me siento a pensar en nada.
De pronto las veo por mi ventana.
Van riendo inocentemente,
van casi corriendo;
no les importa mojarse
aunque simulen lo contrario..
Saben que no hay nadie más,
(o tal vez si lo haya)
pero tienen la certeza de poseer
el fantástico poder de sentirse solas
aún hasta en medio de una comprimida multitud.
Van como son,
van sin nada más que ellas dos,
y no quieren nada.
Ahí es cuando empiezo a recordar...
Recuerdo las mañanas de risa,
las tardes de religioso paseo,
las interminables noches.
Mis oídos recuerdan
los secretos que escucharon,
mi boca recuerda los secretos que expuso.
Recuerdo el patio en llamas con niños corriendo,
el frío del agua en nuestras bocas,
las miradas clavadas en el lacio cabello rubio
y los pequeños ojos azules,
los envoltorios de colores en la mesa,
la cabeza rozando el hombro,
las lágrimas más puras caer en mi pecho...
Sí que recuerdo, perfectamente recuerdo.
Recuerdo la sonrisa cómplice,
el viento golpear en mi cara,
recuerdo la seguridad,
el tibio calor de las manos en mi mano,
los ojos preciosos,
los silencios que lo decían todo...
También recuerdo haber fallado.
Recuerdo las explicaciones,
las palabras.
Recuerdo la mentira, la desilusión,
la falsedad, el dolor,
el llanto, la desconfianza.
Todavía recuerdo la mentira.

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