
Parte I
Es de noche.
Otra vez voy a caminar las calles
que camino siempre.
Los lugares son los mismos,
todo es tan igual…
Sin embargo hay algo en mí
que me dice que hoy algo está distinto,
una sensación rara me invade.
Voy como siempre, miro para abajo,
no presto demasiada atención
porque ya conozco todo milimétricamente
(o al menos así lo creo).
Miro hacia abajo, sólo hacia abajo,
y un perfume que jamás había sentido antes
no me permite seguir ocultando mis ojos,
es inevitable no levantar la mirada.
Miro y busco. No hay nada, nada.
¿No hay nada?
Vuelvo a mirar, vuelvo a buscar.
Siento el perfume acercarse,
cada vez es más intenso,
se mete en mis poros, se impregna en mi piel,
es tan irresistible, tan irresistible,
que hasta se hace parte de mí…
Hay un hondo silencio. Es tarde, no hay nadie.
(¿No hay nadie?)
Camino más despacio, llego casi a la esquina,
puedo oler su perfume aún más intensamente que antes…
Y ahí la veo.
Tan imponente como ella sola podría serlo,
tan bella como una sirena,
frena el mundo con su caminar…
No puedo seguir, mi cuerpo no responde,
sólo puedo inhalar su perfume.
Ella nota que no puedo ni moverme a causa de su presencia,
entonces aquieta su andar también.
Me mira fijo, y ahora sé
que nadie tiene mirada más penetrante que esa.
Yo la contemplo muy detenidamente
(quiero recordarla perfectamente),
cada minúsculo detalle.
Los ojos son rasgados (como tanto me gusta a mí);
los labios carnosos y color carmín,
el cuello del largo perfecto,
el cabello rojizo y largo.
La ropa que tiene puesta parece
estar dibujada sobre su piel;
las agujas la hacen más imponente aún,
la luna ya no brilla con la luz del sol,
Otra vez voy a caminar las calles
que camino siempre.
Los lugares son los mismos,
todo es tan igual…
Sin embargo hay algo en mí
que me dice que hoy algo está distinto,
una sensación rara me invade.
Voy como siempre, miro para abajo,
no presto demasiada atención
porque ya conozco todo milimétricamente
(o al menos así lo creo).
Miro hacia abajo, sólo hacia abajo,
y un perfume que jamás había sentido antes
no me permite seguir ocultando mis ojos,
es inevitable no levantar la mirada.
Miro y busco. No hay nada, nada.
¿No hay nada?
Vuelvo a mirar, vuelvo a buscar.
Siento el perfume acercarse,
cada vez es más intenso,
se mete en mis poros, se impregna en mi piel,
es tan irresistible, tan irresistible,
que hasta se hace parte de mí…
Hay un hondo silencio. Es tarde, no hay nadie.
(¿No hay nadie?)
Camino más despacio, llego casi a la esquina,
puedo oler su perfume aún más intensamente que antes…
Y ahí la veo.
Tan imponente como ella sola podría serlo,
tan bella como una sirena,
frena el mundo con su caminar…
No puedo seguir, mi cuerpo no responde,
sólo puedo inhalar su perfume.
Ella nota que no puedo ni moverme a causa de su presencia,
entonces aquieta su andar también.
Me mira fijo, y ahora sé
que nadie tiene mirada más penetrante que esa.
Yo la contemplo muy detenidamente
(quiero recordarla perfectamente),
cada minúsculo detalle.
Los ojos son rasgados (como tanto me gusta a mí);
los labios carnosos y color carmín,
el cuello del largo perfecto,
el cabello rojizo y largo.
La ropa que tiene puesta parece
estar dibujada sobre su piel;
las agujas la hacen más imponente aún,
la luna ya no brilla con la luz del sol,
ahora brilla con la luz de sus ojos.
Puedo confesar haberme enamorado.
Me enamoré de sus ojos también.
Me enamoré de su boca,
de su pelo, de sus manos,
de su cadera tan curva,
de la forma que dibuja al caminar,
de su sombra, de la luz que irradia…
Todo es muy raro,
pero se siente tan bien…
Es insoportablemente irresistible,
toda ella es irresistible.
Me dice: ¨Me llamo…¨.
Su voz descoloca todos mis sentidos,
y sólo me dice su nombre, sólo eso…
Sé que necesito volver a verla,
y desde este instante mi intención es poder tenerla...
Puedo confesar haberme enamorado.
Me enamoré de sus ojos también.
Me enamoré de su boca,
de su pelo, de sus manos,
de su cadera tan curva,
de la forma que dibuja al caminar,
de su sombra, de la luz que irradia…
Todo es muy raro,
pero se siente tan bien…
Es insoportablemente irresistible,
toda ella es irresistible.
Me dice: ¨Me llamo…¨.
Su voz descoloca todos mis sentidos,
y sólo me dice su nombre, sólo eso…
Sé que necesito volver a verla,
y desde este instante mi intención es poder tenerla...
Un número…
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